SERENA, AL FIN...



La bestia le persigue, resoplando fuerte por cada espacio de la casa, aunque Deisy busque huir de ella agitando bruscamente la cabeza de lado a lado, y aferrándose a sus sienes con sus uñas filosas de mordérselas. Evidentemente, un par de gotas de fluido vital quedan en su rostro...

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Con la cama en el medio de su habitación y su cuerpo exactamente en la mitad de la cama, para estar alejada de los mortales bordes, por donde la bestia puede asomar. Lo escucha rodear la cama vez tras vez, pesados chasquidos de pata de cabra en la baldosa, mientras que Deisy continúa refugiada, con la cabeza entre su rodillas y la mirada clavada en el mugroso colchón, roto también por episodios pasados que concluyeron con feroces ataques.

Hoy, quisiera salir, acabar con esa bestia...refugiarse no había servido de nada desde que su fiel amigo tuvo que partir, primero que ella...amigo fiel porque alejaba la bestia, batallaba. Deisy sentía, a cada rato que pasaba con su amigo fiel, cómo extendía sus también filosas garras y le arrancaba la tristeza, realizando una leve incisión en su corazón. Su fiel amigo, después de pasar sesiones de amor profundo e incomprensible para muchos, terminaba con sus garritas llenas de palabras soeces, desprestigios, malos deseos para el futuro y decisiones conformistas frutos del entorno de Deisy. La liberaba de esas presiones emocionales.

No solamente refugiarse en las heridas de su piel o en las algarabías -cuando podía disfrutar de alguna- no había funcionado de nada, sino que parecía que, desde entonces, esa bestia que rondaba su habitación se había hecho más fuerte. Nunca se atrevía a mirarle a la cara, aunque la sombra de la pared que reflejaba al interponerse entre haz de luz que ingresaba por la cortina de la ventana, desvelaba una figura de ciento setenta y cinco centímetros de altura, un caparazón con una línea de púas verticales en el centro. Su andar encorvado dejaba llegar casi al suelo uno largos y delgados brazos, con muchos filamentos marcados en su piel, quizás sus venas o quizás las venas de aquellas que algún momento anterior lastimó durante los ratos que olvidaba acechar a Deisy. Un copete de pelo de los años 80, una nariz de garfio y un mentón extrañamente familiar; así como muchos de los otros rasgos que describía la sombra.

Una vez más la bestia atravesó el haz de luz, como todas las noches. Deisy, con un frio gesto de desasociego en su rostro, sintió sus penas gritar en su pecho. Pero, como siempre, ahogó el grito por no despertar a su familia. Costó mucho ahogarlo, hasta sintió que sus ojos se escapaban de sus cuencas a causa de la presión que el esfuerzo causaba. 

Atemorizada, pero no podía huir. No tenía los medios, no tenía las formas, no tenía la valentía, al final no sabía si quería hacerlo. Ya se había ido lo que más amaba, daba igual qué hacía la bestia con ella. El silencio de su corazón se rompe con los sollozos que provoca su llanto, también temeroso y discreto, aunque pasional y doloroso. "¿Cómo rayos acabar con el despreciable monstruo?¿Cómo huir de él? ¿Cómo salir de mi cama, sin que me lastime con su pesadas patas, o sus hirientes garras, o...sus infames humillaciones?" -una y otra vez dan vueltas las misma preguntas en la atemorizada mente de Deisy.

Realmente no era tan gran cosa la bestia para que Deisy tuviese que morir por él, no podía otra mujer morir emocional ni biológicamente por él. Pero ¿cómo podía burlar su letales armas?

Por fin se pudo oír algo real, concreto, el clic de la cerradura y el rechinar de la puerta de la entrada abriéndose, lentos pasos que se hacían difíciles de descifrar. Se alejaban, se escuchó un pisotón y una voz susurró, como espantando una alimaña. Un momento después, se oyó un gruñido de pequeño felino acercarse e irrumpir en la habitación de puerta de metal.

Hechos, pensamientos y sentimientos, transcurrían mientras Deisy se afligía a las sábanas y a su piel en medio de su cama. Mientras la bestia le rodeaba, la miraba, se saboreaba, afilaba sus garras. Justo se encontraba de espaldas a la puerta, se limpiaba los labios, forzaba el móvil de Deisy como si quisiera escarbar hasta lo más profundo de su privacidad y hacerse con todos sus secretos...Todo, justo antes, de acabar con ella completamente.

!Suspiró profundamente¡, ya Deisy se encontraba tan sumida en su melancólico secuestro, ya no veía la luz del día siguiente, ya no quería que llegara porque sabría que un día más, significaría un encuentro más con la bestia. Quiso enfrentarlo, antes que este lanzara su zarpazo, pero no tuvo la valentía. Intentó levantar su cabeza, pero terminó por ocultarla mucho más entre sus rodillas y apretarlas aún más.

Deisy no quiso mirar, pero en el momento en que escuchó cómo la garra de la Bestia se elevaba y cortaba el poco aire de la habitación, también un sórdido estruendo metálico apareció, acompañado de un sonido de carne descompuesta siendo perforada, ruidos de líquidos corriendo como ríos y gritos de adolescente eufórico y adolorido.



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Deisy sintió una extraña paz, sintió otra vez un recinto seguro a su alrededor. Aunque siguiese sentada, acurrucada, sentía que ya el miedo se había ido. Sintió por última vez seguridad. Temerosa, pero atrevida intentó levantar de a poco su cabeza...temblorosa, pudo ver lentamente que no había ya haz de luz que entrase por la ventana y se perdiera en la oscuridad. Pudo ver que no estaba ya aquella cama en la que tanto sufrió el terror y la aflicción. Parpadeó, serena, como hace mucho no lo hacía, ¡al fin! Tres o cuatro veces lo hizo. Sintió profunda tranquilidad. De un momento a otro, estaba boca arriba, mirando fijamente una cegadora luz que atravesaba el techo del lugar, apenas pudo entreabrir los ojos, después del último parpadeo. Usó su mano izquierda para cubrirse, pero algo goteó en su frente. Algo caliente, no tanto como para quemar, y que se helaba de a poco. Giró su cabeza hacia la derecha, por la molestia que el goteo causó.

Y se impactó al ver, en el suelo del lugar, a su tan amado amigo encima de una elevación del suelo. El piso se veía aún sucio, teñido de oscuridad. El shock del momento no la dejó vislumbrar que había sido su propio fiel amigo quien, con una feroz cuchillada, había devastado el cuello y los antebrazos de la bestia. Con un gozo profundo y una serenidad incomparable se hallaba sentado el salvador en la espalda de la mercenaria bestia, evadiendo las púas, pero con una comodidad envidiable. Fue en él en quien Deisy centró su mirada, débil, por la luz que casi redondeaba el lugar. Ahora ya sabía de dónde había venido ese repentino sentimiento de seguridad y tranquilidad. Ahora sí se sentía libre, feliz...tranquila. Pudo dormir profunda como hacía mucho tiempo no lo hacía, sólo se terminó escuchando un tímido y espaciado goteo.

A la mañana siguiente, desde dentro de la habitación de Deisy, se escuchan el pasear de personas de la familia, las que madrugan. Su hermano, quien acostumbra despertarla a media mañana, intenta entrar, pero la puerta no responde. ¿Habrá quedado averiada del enfrentamiento? Papá llega con el desayuno y el pequeño niño le cuenta la situación, no se puede abrir la puerta.

Con fuertes ánimos, el padre forza la puerta, pero aún así no se abre. "Esta cerrada por dentro"-dice el padre- "¡¡¡¡¡Deisy!!!!!!". Al oirlo, menciona la madre en la cocina, pero en voz baja, "otra vez esta niña con las tonterías de encerrarse". Se dirige la madre a la puerta y le dice a los dos hombres de la casa: "Déjenme, que yo sé cómo la despierto", seguido de tres golpes fuertes con la palma abierta a la puerta. "¡¡¡Deisy!!!" -dicen en coro ambos papás-, y su padre continúa la frase diciendo "¡He traído el desayuno, ábrenos la puerta y prometo que no pasará nada!". Sin embargo, inmediatamente, su rostro se deformó y dijo: "Ahora sí me va a conocer". Se dirigió al patio trasero, mientras la madre escondía al pequeño niño en la habitación marital. Llegó con algunos instrumentos de reparación para abrir la puerta, sólo y únicamente, para encontrase con el escenario horroroso de un autoflagelamiento llevado al extremo.

Aquel hombre, fuerte, alto, rudo...rompió en llanto y,  desde entonces, nunca se quiso explicar a sí mismo ni a los demás "¿Qué fue lo que hizo mal?".


COMENTARIOS FINALES:

Las profundas tristezas que llevan las mujeres por dentro, refugiadas en su interior y arraigadas en sus recuerdos, ante tantas presiones sociales y ante tanta violencia que emana de los principios fundantes de nuestras sociedades realmente son incomprensibles e imposibles de medir en magnitud. Solo cada una de ellas sabe todos los desprecios, atropellos y acosos que han vivido...solo ellos puesto que, en el momento en que se ha decidido a contarlo -si es que llegan a decidirlo-, su declaración es tomada desde el inicio como sospechoso, sujeta a cuestión.

Nunca nadie se interesa realmente en comprender su lugar en el mundo, ni realmente a transformarlo. Deben soportar largas jornadas de trabajo para sostener a sus pequeños. Deben disponerse ante las humillaciones por conseguir el bien siempre de otros, sean estos sus padres, sus parejas, sus hijos. Pareciera que el rol de la mujer siempre debe ser el de quien sacrifica desinteresadamente por el bien ajeno.

Tienen el rol más importante en la sociedad, sostienen nuestras estructuras sociales y no reciben su reconocimiento, su lugar, su libertad, su libre albedrío. Desde un despreciable lugar de privilegio, desde mis zapatos de hombre, me dirijo a ustedes que me leen para pedir más aprecio y recompensas para esas mujeres de nuestros contextos sociales. Porque, con desventajas, ha llegado hoy donde está. Mil aplausos porque no solo superan los obstáculos propios, sino los sociales, políticos, económicos, y demás. Brindemos un espacio de nuestro tiempo para escuchar las historias que pueda tener la mujer que está junto a ti, y brindémosles ese gesto de apoyo sincero y sin lastima, pero lleno de admiración.

RECOMENDACIONES:

Reflexionemos sobre esos roles que nos parecen lejanos y solo sacados de telenovelas. Lo cierto es que pueden ser rutina y calvario para muchas.

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📹 Película "North Country (En Tierra de Hombres ó Tierra Fría)"

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