Esta es una descripción un tanto etnográfica, pero también idealista de una mujer muy especial para mí. No es sencillo hacer este tipo de ejercicios, pero considero que su talento amerita los esfuerzos necesarios para que su arte y dedicación sea conocido y admirado. Ella es "Leonarda" y aquí está mi reflexión sobre una de las conversaciones que tuvimos acerca de su oficio o arte.
Aunque no subsiste de su actividad, como los artesanos de antaño, pues Leonarda se está formando actualmente como arquitectura. Suele mencionar sobre su arte: “No lo veo como un comercio. Yo estoy inspirando cierta parte de mi vida, de mis sentimientos, no puedo dejar que otra personas se los lleve”.
A sus 19 años de vida no ha tenido a su cargo una gran cantidad de vasallos que aprendan su oficio, a quienes mantener y brindar tutoría. A excepción de casos particulares. En primera medida, cuenta la historia de su primer acercamiento al arte de pintar y en aquella oportunidad plasmó su deseo en un fruto rocoso de la tierra. Al ver el producto, sus compañeros de clase le alabaron, incluso el profesor, designándola como la maestra de aquellas sesiones. Entre pinceles y piedras, dio conocer sus dotes. No necesariamente a través de una guía técnica estructurada, sino a partir de lo que, intuitivamente, sus manos la empujaban a hacer como fruto de la experimentación en la última página de sus cuadernos.
La observación y la palabra fueron los métodos que tácitamente se dibujaron en el ambiente de aquellas sesiones para que los incrédulos asistentes accedieran al celestial movimiento de un delgado trozo de madera unido a uno filamentos delgados con un remache ancho de metal. Más que la unión de esos elementos, fue la unión de la experiencia y los sentimientos de aquella pequeña de 14 años, que se canalizó a través del artefacto. No solo era una labor extra de la clase, fue también la asignación de la legitimidad social de su oficio y de ella como personificación de este.
De ahí en adelante no fue necesario hacerse más preguntas públicas ni extenuantes debates. Cada vez que era necesaria la fabricación o composición de una pieza artística para exponer, fácilmente se generaba un consenso sobre aquella persona que lo desarrollaría o coordinaría el capital humano de ese grupo para cumplir con lo encargado: Leonarda.
En su corto tiempo de vida, ha llevado consigo el arte aflorando de su cuerpo, pero su introvertida esencia ha hecho que solo una compañera se haya mantenido a su lado, como si un vínculo de aprendiz artesanal hubiera sido firmado por sus padres. No impartía enseñanzas diarias a grandes grupos, pero siempre estaba dispuesta a mostrar los secretos de su oficio a su “escudera”. Leonarda cuenta:
“Ella siempre me pedía consejos: ‘¿cómo hago para hacer sombra? Si es un atardecer ¿cómo hago para hacer la transición de los colores?’ Yo más o menos intentaba hacerle entender yo cómo lo lograba. Sin fórmulas. Simplemente “úntelo en agua, le vas haciendo suave, luego apoyas el pincel así…”
Hoy, Leonarda cuenta que su compañera solía tomar los consejos que le daba y, al aplicarlos, sus obras tenían un mejor aspecto y calidad. Además, comenta: “Si se compromete, también puede agarrar técnicas, movimientos que le ayudan a mejorar las pinturas. Si las hace, porque es más que todo de querer”.
El sociólogo Senett dijo alguna vez en uno de sus libros que “el artesano representa la condición específicamente humana del compromiso”, esto se corrobora cuando escuchamos la reflexión de Leonarda al respecto de su amiga. Y, más aún, cuando indagamos en los antecedentes de su aprendizaje. Tendencias a lo artístico desde niña y búsqueda de oportunidades a pesar de las dificultades fueron transversales a este proceso de aprendizaje. La incapacidad de acceder a talleres de pintura, la llevó a buscar los mejores maestros: la práctica y la imaginación.
“Las personas cercanas, que me conocen un poquito, dicen que tengo una gran imaginación. [En cuanto al proceso de aprendizaje] (...) no te puedo decir aprendí. Sólo hago lo que mi cerebro le exige a las manos que haga y le voy haciendo”, menciona Leonarda. Momentos cuasi cientificistas de dedicación en los cuales sentía la necesidad de tomar un pincel, impregnarlo de pintura y dirigirse a la página final de su cuaderno para explorar abiertamente cuáles eran las formas de plasmar aquello que venía a su mente de manera sistemática, fueron los que le permitieron acumular aquellas maniobras que tan fácilmente fluyen en sus actuales obras. Obras que únicamente dan cuenta de la particularidad de las imágenes que yacen en su imaginación.
Para Leonarda “Pintar es recrear sobre un lienzo lo que está en la imaginación”. Nada de imitaciones, nada de ideas externas, es “lo que mi mente me arroja, según como me siento. Ella misma me lanza cosas, imágenes. Me dice: ‘Pinte esto’ ”. Bien lo menciona el pensador Engels cuando dice que no solo la mano produce el trabajo, sino que es producto de este mismo.
En este aspecto, desempeña una labor importante sus instrumentos: vinilo, oleo, colores; pinceles, espumas, palitos, brochas, algodón, tela. “Son apoyo, me ayudan a recrear lo que estoy sintiendo. Se abren a que uno les dé muchas utilidades…”, menciona Leonarda. Esto es algo de lo que el pensador moderno Engels llama trabajo liberador, que ha sido destruido por las dinámicas frenéticas de la producción capitalista. Algo a lo que no es ajena Leonarda, entre las ocupaciones muchas veces no puede dedicarse a su oficio: “Me frustro, es agobiante porque es como si en mi mente hubiese una llavecita, se abre y te empiezas a llenar de agua. Tienes que sacar el agua para no explotar…”.
En este sentido, la versatilidad de sus artefactos y el amplio espectro de creatividad que estos le brindan hace que ella pueda concretizar aquellas imágenes que vienen a su mente, que dejen de ocupar un lugar en su imaginación y tornen su existencia al plano de lo real. Con ellos, tendrá existencia también nuevas dimensiones o extensiones de la personalidad de la artista, y expresiones tangibles de su libertad. Todo esto con el fin de darle cabida a nuevas ideas y continuar perpetuando su existencia.
La imagen de esta artista no corresponde directamente con la del artesano original que tenía un amplio bagaje práctico y un gran taller en casa. Sin embargo, se aprecia la maestría en su trabajo y la calidad de su saber práctico. Cumple a cabalidad el hecho de haber construído su repertorio práctico con el paso del tiempo acumulando sucesivas fases de experimentación directamente en el papel.
A tal punto ha llegado su experticia que, al sentarse frente a un lienzo en blanco, su pasión conduce la imaginación, la magia ocurre y las obras nacen. Ahora, enfrenta los problemas de su oficio y, casi sin sudar, los supera intuitivamente con su saber acumulado. Impartió su conocimiento y fue reconocida por esto, hasta el punto que se ganó su puesto de maestra incluso sobre un maestro (docente). Y cada una de sus obras son una extensión de sí y una pincelada en la inmortalidad para una artista que no nació, sino que se hizo.

Hola Camaradas,
ResponderEliminarLes invito a que reaccionen y/o comenten si les gustó el artículo.
Además, estoy pensando en realizar un videoblog contando un poco más de la historia de "Leonarda", lo que fue realizar este escrito y mi opinión general. Para esto, necesito me comenten para conocer si les interesa este tipo de contenido.
Muchas gracias por apoyar este proyecto, que es muy importante para mí, y espero estar aportándoles algo positivo para sus vidas.
¡Los leo!